Prolapso del tercer párpado en perros

Muchos vertebrados tienen un tercer párpado (un pequeño pliegue de la conjuntiva) en la comisura interna del ojo. Esta membrana protege y limpia el globo ocular durante el parpadeo, mientras que la glándula lagrimal, situada debajo, humedece la córnea, evitando que se seque. En algunos casos, la glándula lagrimal se agranda y se desplaza desde debajo del párpado hacia afuera. Esta afección patológica, denominada prolapso del tercer párpado, puede presentarse en perros como resultado de ciertas enfermedades o debido a una predisposición racial.

Prolapso del tercer párpado en perros

Causas del desarrollo de la patología.

El prolapso del tercer párpado en los perros puede ser causado por:

  • lesión corneal o cuerpo extraño alojado debajo del párpado;
  • dislocación o subluxación del cristalino;
  • eversión del párpado (ectropión);
  • adenoma del tercer párpado (defecto anatómico de la membrana nictitante);
  • triquiasis (dirección del crecimiento de las pestañas hacia la córnea del ojo);
  • seco queratoconjuntivitis;
  • glaucoma agudo (aumento de la presión intraocular).

Prolapso del tercer párpado en un perro

El prolapso de la glándula lagrimal del tercer párpado se diagnostica con mayor frecuencia en perros que en gatos y suele desarrollarse en cachorros menores de un año. Normalmente, unos meses después de que aparezca el prolapso en un ojo, el otro también se ve afectado. Entre las razas propensas a esta afección se encuentran los mastines, bulldogs, shar pei, pugs, pequineses, cane corsos, chihuahuas y toy terriers. Los expertos atribuyen esta predisposición genética a la hiperplasia de la glándula lagrimal y a la debilidad de su ligamento muscular en estas razas.

En los gatos, el prolapso se encuentra principalmente en representantes de razas braquicefálicas con un cráneo ancho y un hocico aplanado: estos son Persa, Scottish Fold, Británico e Himalaya.

Síntomas y diagnóstico

En sus etapas iniciales, el prolapso del tercer párpado en perros se manifiesta como una pequeña hinchazón redonda y rosada que aparece periódicamente en el lagrimal. Con el tiempo, la glándula desplazada se comprime, se inflama y adquiere un color rojo oscuro. Se observa enrojecimiento de toda la conjuntiva, lagrimeo profuso y blefaroespasmo (contracciones involuntarias frecuentes de los músculos del párpado). El ojo se vuelve purulento y el perro intenta rascarse constantemente.

Un perro enfermo

El diagnóstico preliminar se realiza mediante un examen visual realizado por un oftalmólogo veterinario. Es importante diferenciar el prolapso de la glándula lagrimal canina de otras patologías, en particular la hipertrofia del tercer párpado causada por inflamación. Por lo tanto, de ser necesario, los procedimientos diagnósticos pueden incluir:

  • examen del tercer párpado con pinzas bajo anestesia local;
  • medición de la presión intraocular (enrojecimiento del blanco de los ojos puede ser causada por hipertensión ocular);
  • examen de las pupilas (la causa de la hiperemia conjuntival puede ser la enfermedad inflamatoria uveítis);
  • Biomicroscopía de la pared anterior del ojo (examen mediante una lámpara especial con microscopio, que permite detectar daño corneal o que entre un cuerpo extraño en él).
  • Examen neurológico (varias enfermedades neurológicas pueden provocar una disminución del tono muscular del párpado o una protrusión del mismo).
  • Ecografía del ojo y tejidos de la órbita ocular, radiografía del cráneo (para detectar posibles patologías anatómicas).

Consulte con un veterinario

Tratamiento

El tratamiento para el prolapso de la glándula del tercer párpado requiere intervención quirúrgica. En las primeras etapas de la afección, los síntomas de inflamación, irritación y lagrimeo pueden aliviarse con gotas oftálmicas Keratostil, Burdi, Multi Avizor Moisture y Nutri Vet Eye Cleanse. Sin embargo, estas no resolverán el problema, ya que no devolverán la glándula prolapsada a su lugar.

Gotas para los ojos para perros

El propósito del procedimiento quirúrgico depende de la causa de la patología: si se trata de una rotura o debilitamiento del ligamento, la glándula lagrimal no se extirpa, sino que se fija en la posición correcta. La resección de la glándula solo es necesaria si hay un tumor, ya que sin la glándula lagrimal, el globo ocular carece de suficiente lubricación, lo que puede provocar el desarrollo de patologías como la conjuntivitis seca. queratitis.

Una semana antes de la cirugía, el perro se somete a un tratamiento con antibióticos. La cirugía se realiza en la clínica bajo anestesia general intravenosa con una lupa binocular. Existen dos opciones para fijar la glándula en la posición anatómicamente correcta.

Técnica de bolsillo

El método consiste en colocar la glándula prolapsada en una bolsa creada mediante pequeñas incisiones conjuntivales a ambos lados de la glándula. Estas incisiones se suturan con una sutura fina absorbible. Esta sutura es suave para el animal, no daña la córnea y garantiza la prevención del prolapso recurrente.

Técnica de bolsillo

Técnica de sutura en bolsa de tabaco

Este método de reparación del prolapso consiste en colocar una sutura anular alrededor de la glándula en la superficie bulbar del tercer párpado. Al tensar la sutura, la glándula se desplaza bajo el párpado y recupera su posición correcta. El nudo de sutura se coloca en la cara palpebral (que mira hacia el párpado) de la conjuntiva, utilizando material de sutura absorbible.

período de rehabilitación

Tras la cirugía, se le recetan antibióticos, antiinflamatorios no esteroideos y medicamentos inmunomoduladores durante una o dos semanas. Para evitar lesiones oculares, se le coloca un collar protector hasta que las suturas cicatricen por completo.

Prolapso del tercer párpado

Con un tratamiento oportuno, el prolapso del tercer párpado en perros tiene un pronóstico favorable: estadísticamente, la recuperación completa se produce en el 95-98 % de los casos. El veterinario suele realizar exámenes de seguimiento con lámpara de hendidura y evaluar la producción de lágrimas de la glándula mediante la prueba de Schirmer entre dos semanas y dos meses después de la cirugía.

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