Sarcoma en perros: síntomas y tratamiento
El sarcoma es un tumor maligno que se desarrolla a partir de células del tejido conectivo. El osteosarcoma, una lesión ósea, se diagnostica en el 90% de los perros. También se acude a las clínicas veterinarias por crecimientos en los genitales. El sarcoma canino es susceptible de tratamiento paliativo, y el animal tiene posibilidades de recuperación, pero solo si consulta con especialistas de inmediato. Sin embargo, con mayor frecuencia, los tumores se confunden con lesiones o inflamación, lo que lleva a intentar tratarlos en casa, lo que reduce significativamente las probabilidades de un resultado positivo.

Contenido
Causas del desarrollo de tumores
Los tumores malignos del sistema musculoesquelético en animales representan el 4% de todas las enfermedades oncológicas, y el osteosarcoma de las patas representa el 90% de los casos. Se desconocen las causas exactas de la enfermedad, pero incluso una fractura simple con mala consolidación puede desencadenar la formación de un tumor.
Los expertos identifican las anomalías embrionarias, la exposición a carcinógenos químicos, la exposición a la radiación y la predisposición genética como las principales causas comunes de la enfermedad. El osteosarcoma se diagnostica con mayor frecuencia en perros gran danés, rottweiler, san bernardo, perro guardián de Moscú y setter irlandés, siendo los machos los que representan el mayor porcentaje de pacientes.
La edad también influye en el desarrollo de tumores. El sarcoma óseo no es común en perros jóvenes; suele afectar a animales mayores de 6 años. Las razas pequeñas y los perros que pesan menos de 30 kg (66 lb) también son menos propensos a desarrollar osteosarcoma.
Cómo se desarrolla la enfermedad
Los tumores osteogénicos pueden aparecer en cualquier hueso, pero las extremidades son las más comúnmente afectadas (70% de los casos). El 30% restante afecta la mandíbula, la columna vertebral, el cráneo y las costillas, pero el tórax casi nunca se ve afectado. Cuando se ven afectadas las patas, los tumores se forman en zonas distales con puntos de crecimiento activos.

El tumor se origina en el hueso. La destrucción tisular progresa del centro a la periferia, afectando el canal medular. La lesión primaria metastatiza rápidamente, lo que intensifica el dolor. Existen varios tipos de sarcoma en las patas de los perros:
- osteoblástico – daño al tejido óseo;
- fibroblástico – daño a los tejidos blandos de las extremidades;
- anaplásica, en la que están involucrados los tejidos grasos;
- tumores condroblásticos – del cartílago;
- El histiocitoma fibroso es una lesión del tejido muscular.
Síntomas
El sarcoma en perros suele detectarse tardíamente, ya que el proceso no es visible a simple vista. El primer signo preocupante es una cojera inexplicable en las patas o una disfunción de otras partes del sistema musculoesquelético (por ejemplo, si el tumor se desarrolla en la mandíbula, el animal tendrá dificultad para abrir la boca y masticar). El dolor es leve en las primeras etapas, por lo que el animal no presenta molestias y continúa llevando una vida normal. El segundo signo preocupante son las fracturas frecuentes. Un tercer signo claro es la aparición de un tumor. La zona afectada se enrojece e inflama, y aparece un patrón vascular en la piel.

Diagnóstico
El principal método de diagnóstico del osteosarcoma en perros es la radiografía. En casos de dolor intenso, se toman radiografías bajo sedación, lo que permite obtener imágenes desde diferentes ángulos. La radiografía permite la detección temprana de la enfermedad y reduce en un 10 % la probabilidad de complicaciones. Estas imágenes muestran claramente la lesión, con bordes tumorales borrosos, lisis ósea y aumento de la densidad ósea.
La radiografía confirma el diagnóstico en la mayoría de los casos, pero un examen morfológico, o biopsia, puede ayudar a determinar la naturaleza del tumor. La biopsia se realiza tanto con técnicas cerradas como abiertas. La primera consiste en la aspiración de material de la zona afectada, introduciendo la aguja en el espacio medular. Este método determina la extensión de la metástasis del tumor. La técnica abierta permite la recolección de una gran cantidad de material y la determinación de la identidad morfológica del tumor, estableciendo así un diagnóstico definitivo.
Se extrae sangre del perro con regularidad. En los tumores malignos, se observan niveles elevados de leucocitos y fosfatasa alcalina, lo que indica progresión tumoral y metástasis a distancia. Durante el diagnóstico, es necesario diferenciar los tumores malignos de la osteomielitis posoperatoria, las lesiones óseas fúngicas y la presencia de quistes.

Tratamiento
El sarcoma óseo en perros requiere intervención quirúrgica. Desafortunadamente, extirpar el tumor sin amputar la extremidad es muy difícil, pero los veterinarios a veces pueden ofrecer a sus pacientes un aloinjerto o injerto óseo, pero solo si el proceso patológico afecta menos del 50 % del hueso.
En etapas posteriores, ni siquiera la amputación siempre produce los resultados deseados. Esto es especialmente cierto en el caso de enfermedades de huesos planos con daño simultáneo de tejidos blandos. Tras la cirugía, es frecuente que se produzcan recaídas e infecciones secundarias.
Se recetan medicamentos simultáneamente con la cirugía. Se utilizan antiinflamatorios no esteroideos (AINE) para aliviar el dolor, como carprofeno, meloxicam y tepoxalina. Se recetan bifosfonatos para retardar la pérdida ósea. Se indican narcóticos en los primeros días después de la cirugía o en las etapas más avanzadas de la enfermedad. El tramadol es el más comúnmente recetado.
Para detener el proceso patológico, se administra un ciclo de quimioterapia después de la cirugía. El protocolo estándar consiste en 4-6 tratamientos, con un intervalo de 3 semanas. La quimioterapia destruye las células cancerosas restantes y previene el desarrollo de metástasis.

La radioterapia se considera una medida paliativa. No cura ni previene la propagación de células cancerosas, pero sí mejora la condición del animal. En la mayoría de los casos, tras un ciclo de radioterapia, el dolor del perro disminuye y la cojera disminuye. La única contraindicación para este tratamiento es la destrucción ósea.
El pronóstico es muy difícil de determinar, incluso con un tratamiento oportuno. Sin tratamiento veterinario, un perro puede sobrevivir un promedio de tres meses. Con quimioterapia, alrededor del 50 % de los perros sobrevive un año, y otro tercio sobrevive casi dos años. Además, cuanto mayor es el perro, más difícil es predecir el resultado del tratamiento.
https://youtu.be/j29Feg0h-Hk
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